Mucho antes de que los televisores planos ocuparan las paredes de restaurantes, bares y casas, mirar un partido en Tafí del Valle podía convertirse en una pequeña proeza tecnológica. Había que levantar una torre, orientar una antena hacia algún punto impreciso del horizonte y esperar que, entre los puntos y las interferencias, apareciera una imagen. A veces se veía. A veces apenas se intuía.
“Pancho Sosa”, uno de los dueños de El Rancho de Félix, bar inaugurado en 1963 en Tafí y uno de los más icónicos del pueblo, todavía recuerda aquellos años en los que la televisión era una rareza en el valle y su restaurante se transformaba en uno de los lugares de reunión del pueblo.
“Yo tenía un tío que vendía electrodomésticos. Tenía un negocio en Monteros y había puesto una sucursal aquí. Atrás de la cocina había un patio grande y vino un hombre a instalar una torre telescópica, de esas que se levantaban, con una antena para tratar de ver Canal 7 de Santiago del Estero”, reconstruyó.
La recepción estaba lejos de ser perfecta. “Canal 10 no había forma de verlo. La imagen se veía con puntitos y se movía. Eso era lo que veíamos”, recordó. La situación comenzó a cambiar cuando se instaló una repetidora y la señal pudo llegar con mayor claridad a la zona.
Hasta entonces, la radio había sido la gran compañía de los tafinistos. “Hasta los años 70 o 75, prácticamente lo único que había era la radio”, explicó Sosa. Por eso, la llegada de la televisión produjo una pequeña revolución en la vida cotidiana. No todos tenían un aparato en sus casas y los pocos lugares que podían captar una señal se convertían naturalmente en espacios de reunión.
El Rancho de Félix ocupaba un lugar privilegiado en aquella geografía. Durante años fue uno de los pocos restaurantes de Tafí del Valle y, según recuerda “Pancho”, prácticamente el único en una época en la que la actual villa turística todavía conservaba la dinámica de un pequeño pueblo.
“De noche no había turistas. Quedaban los personajes conocidos del valle: el cura, el gerente del banco, el comisario, el farmacéutico y algunos empleados municipales”, contó. Muchos de ellos llegaban al restaurante para comer, conversar y mirar televisión. Las novelas se transformaron rápidamente en una atracción. Antes de que el fútbol mundialista paralizara al país, la pantalla ya comenzaba a modificar las costumbres del pueblo.
El Mundial 1978
Cuando Argentina organizó el Mundial de 1978, en “El Rancho“ imaginaron que el torneo podía cambiar por completo el movimiento habitual del restaurante. Prepararon un salón con la expectativa de recibir turistas y, especialmente, extranjeros que llegaran al valle durante la competencia.
El entusiasmo era grande. El resultado, mucho menos espectacular. “Pensábamos que iban a venir extranjeros a comer y a ver los partidos. Preparamos un salón con esa expectativa, pero fue un fiasco total. Al final vinieron los mismos de acá”, recordó Sosa.
La anécdota resume la escala que todavía tenía Tafí del Valle. Ya llegaban visitantes de San Miguel de Tucumán y personas que recorrían los Valles Calchaquíes, pero el turismo estaba lejos del movimiento actual. El Mundial no produjo aquella invasión de visitantes que la familia había imaginado.
Del 78 al 86
Ocho años después, para el Mundial de México 1986, el escenario ya comenzaba a ser diferente. La televisión se había extendido, la recepción de la señal había mejorado y Tafí del Valle empezaba a crecer.
También había cambiado El Rancho de Félix. El restaurante, que había comenzado como un pequeño local modesto, fue ampliándose con el paso de las décadas. Parte de lo que después se convirtió en salón había sido originalmente un patio y, en 1980, la familia modificó la estructura de adobe de la parte trasera para avanzar con una construcción de hormigón. “Ahí estaban la cocina, los baños y dos dormitorios donde dormíamos nosotros cuando éramos chicos”, recordó Pancho.
El Mundial de 1986 encontró, entonces, a otro pueblo. La televisión ya no era aquella novedad casi inaccesible de los años anteriores y la aparición de nuevos restaurantes comenzó a diversificar los puntos de encuentro. El Rancho de Félix dejó de estar solo.
Casi medio siglo después de aquel Mundial de 1978, la escena parece pertenecer a otro mundo. Ya no hace falta levantar una enorme antena para buscar en el aire una señal proveniente de Santiago del Estero. Las pantallas son grandes, planas y están en casi todos lados. Los partidos pueden verse en una casa, un bar, un restaurante o incluso desde un teléfono. “Los lugareños ya no vienen necesariamente aquí para ver los partidos. Los ven en sus casas o van a alguno de los muchos bares que existen”, cerró Sosa.
La historia de los Mundiales en Tafí del Valle también puede contarse, entonces, a través de sus pantallas. Desde aquella torre telescópica levantada detrás de la cocina para intentar captar una imagen borrosa hasta los grandes televisores actuales. Desde un puñado de vecinos reunidos en el único restaurante hasta una villa turística repleta de opciones.
El fútbol sigue siendo el mismo ritual. Lo que cambió fue todo lo que ocurre alrededor de la pantalla.